4 abr. 2011

Biblioteca: Terry Riley's in C, de Robert Carl.



Si tuviéramos que señalar un momento único en el que se produce el acontecimiento extraordinario que da lugar a la creación de un estilo, en este caso, del minimalismo musical, (cosa de todo punto imposible cuando hablamos de la creación artística y concretamente de la musical), podíamos referirnos al estreno de la obra “in C” de Terry Riley en 1.968. Seguramente podemos señalar obras anteriores, autores precursores, músicos a caballo de un estilo y otro y toda suerte de circunstancias personales que impedirían dictaminar tal acontecimiento, pero el estrépito que produjo el estreno de esta obra puede considerarse como una forma de repetir el del estreno de la Consagración de la primavera de Stravinski en el  Théâtre des Champs-Élysées el 29 de mayo de 1.913.

Se ha publicado (en inglés) una monografía de Robert Carl sobre el estreno de la obra, en la Oxford University Press. AQUÍ se puede leer una entrevista al autor.

Incluimos aquí una traducción personal del inicio de la Introducción del libro, (Capítulo 1).




Así que aquí esta.
Una partitura de una sola página. Sin especificar la instrumentación, sin partes. Cincuenta y tres motivos, la mayoría de ellos minúsculos. Sin una forma cierta. Sin más instrucciones, en muchos aspectos deliberadamente vago. Sin marcar el tempo. Con un título en extremo lacónico: en Do (in C). 
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Esto no parecería un candidato fácil para realizar un ensayo integrado en una colección dedicada a registrar el proceso de creación y los estrenos de las grandes obras maestras del canon de la música occidental. En efecto, cuando uno se enfrenta a esta obra de 1.964 de Terry Riley, no es raro que se pregunte, “estamos ante una broma”. La obra parece determinada a englobar la totalidad de la idea de “progreso” musical. En el momento preciso de su composición, Elliott Carter, estaba trabajando en su Concierto para piano, que fue saludado por Stravinsky como una obra maestra. Luciano Berio tenía casi completado Laborinthus II y habría de empezar pronto la Sinfonia. Karlheinz Stockhausen acababa de terminar Momente. Todos estos trabajos clamaban por imponer su autoridad, su maestría basada en una abrumadora complejidad, reflejo de una época compleja. El compositor era concebido como un experto en el sonido, un profesional altamente cualificado capaz de controlar el caos y doblegarlo dentro de una rigurosa arquitectura. Seguramente, así son las verdaderas obras maestras. El trocito de partitura de Riley no puede pretender competir con estos monumentos de la modernidad, ¿o no?
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Todavía in C continúa siendo muy interpretado hoy día, por profesionales, estudiantes y aficionados. Ha sido regrabado en numerosas ocasiones desde su estreno en 1.968, y otros están en preparación. Es interpretado por músicos de una amplia variedad de géneros y tradiciones, desde la clásica al rock o el jazz e incluso tradiciones no occidentales. Las grabaciones abarcan desde la Chinese Film Orchestra de Shanghai, (con instrumentos tradicionales chinos), hasta el grupo húngaro del “European Music Projecto”, que cuenta con dos DJs manipulando la electrónica de The Pulse. Transporta a las audiencias a estados de un éxtasis próximo a la histeria, proyectando continuamente una serenidad interior que sugiere la definición que hace Cage del propósito de la música: “hacer que la mente adquiera una cualidad sobria y silenciosa, de modo que se vuelva receptiva a las influencias divinas”.
Pero entonces, tampoco es música disco. La popularidad y longevidad conlleva algo que satisface el espíritu humano, pero que no garantiza lo más profundo o la calidad con la que asociamos la música seria. Las obras del modernismo antes mencionadas alcanzan ciertos logros, realizaciones inéditas de la imaginación humana y del intelecto. “In C” desafía ciertamente esas producciones; es como un desharrapado melenudo arrastrando sus pies hasta las puertas de un club exclusivo, solicitando su ingreso cortésmente pero sin cambiar su apariencia para adaptarse a los códigos de conducta en el vestir. ¿Podemos realmente cuestionar que esto merece un lugar en el canon, tanto en los fundamentos históricos y culturales como en los de la misma música?
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Este ensayo va a demostrar que sí. Examinaremos in C en el contexto de la era de su composición, su fundamental práctica estética y sus postulados, su proceso de composición, presentación, grabación y recepción. Se investigará como la práctica interpretativa original que supone esta pieza ha influido en numerosas ideas sobre lo que constituye el arte musical en el siglo XXI, y se examinará su significado a través de la discusión con los intérpretes, compositores, teóricos y críticos.



Aquí ofrecemos una imagen de la famosa partitura que se reduce a los famosos 53 motivos simples que se van produciendo a lo largo de la pieza. 


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