22 jul. 2008

Michel Camilo en Segovia











El entorno, el artista, hasta la climatología se aliaron para un gran concierto. Después de una noche loca el sábado en Segovia, con eso de la Luna Llena y la programación de actividades sin medida ninguna, como en un gazpacho que ofrecía lo mismo el Carmina Burana en una interesante reducción de Álvaro Mendía para dos pianos, percusión y dos coros, como en otro sitio una exhibición de grafiteros pintando una falsa pared de cartón, por fin un espectáculo sosegado y con una programación adecuada. Nada menos que Michel Camilo terminaba su gira europea en la plaza de San Martín de Segovia. Un lugar muy adecuado, uno de los rincones que hacen de Segovia una ciudad con encanto, una noche en la que el inusual calor había sido suavizado por una tormenta anterior, un marco, en definitiva, ideal para disfrutar de la buena música.
Michel Camilo es un pianista extraordinario. La exuberancia de la música latina contrasta con su técnica clásica y su dominio de casi todas las formas posibles de expresión en el piano. Igual de bien en lo latino, en el blues, en las músicas propias del pianista, en versiones de otros, etc. Su versión del Concierto de Aranjuez, con el que se inicia el Spain de Chick Corea está mejor realizado y es más expresivo en el dominicano que en el músico californiano y el tema, añade a las virtudes propias de Chick Corea la fuerza latina que le imprime Michel Camilo. Esa fuerza está aliada con una técnica muy desarrollada, como cuando acaba sus melodías latinas en unos “fortissimos” en acordes que son un auténtico trueno, la digitación en los temas de blues, o la sensibilidad y el control de las dinámicas en músicas de inspiración clásica.
Un público muy correcto, disfrutó en todo momento de un concierto que unos malos técnicos de sonido estuvieron muy cerca de hundir en el fracaso.
Finalizado el concierto el maestro se refugió en un hotel próximo. Después de tomar unas cervezas nos topamos de nuevo con el pianista que salía del hotel. La osadía de un amigo al pedirle que se fotografiara con nosotros fue contestada con mucha amabilidad, sin asomo de molestarse y preguntándonos si lo habíamos pasado bien. Pero un error de configuración en la cámara impidió, Ay, que gozáramos de un recuerdo imborrable del maestro.




Además de un gran pianista, un tipo simpático y amable.






1 comentario:

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