27 sept. 2017

Ultimas tendencias en la música culta I

La música tiene distintas posibilidades y formas diferentes de presentarse. Hay pocas definiciones de la música. Una de ellas es la del musicólogo austríaco Eduard Hanslick, que vivió en el siglo XIX, que defendía el formalismo musical frente al idealismo romántico. Decía Hanslick que la música eran formas musicales en movimiento. Dado que la música es un acto de creación humano, no  está sujeto a las leyes divinas, es decir, cada uno la define como mejor le parece. Como todo acto cultural es una convención, es algo que hemos hecho de una manera determinada, (en una cultura determinada) pero que podía ser de otra.

De modo que la postura formalista era una reacción al sentimentalismo romántico, mientras que éste había reaccionado con igual contundencia contra el intelectualismo ilustrado. Musicalmente, el clasicismo de la Primera Escuela de Viena, con Haydn, Mozart y Beethoven, podría ilustrar muy bien el periodo. Una música en la que la perfección de la forma, con sus simetrías, el triunfo de la armonía y la sensación de perfección acabada de todo ello triunfaba merced a la forma sonata. Volviendo a Hanslick, recordemos que el mundo romántico era un universo cultural en el que primaba el sentimiento por encima de lo que había primado durante el periodo ilustrado: la razón.

Esta reacción formalista parece haber triunfado en la música durante gran parte del siglo XX. Podríamos decir desde la revolución dodecafónica de Arnold Schoenberg en las primeras décadas del siglo, (Segunda Escuela de Viena), hasta su continuación en el serialismo integral posterior a la II Guerra Mundial que se impone en el canon occidental hasta su cuestionamiento en los años setenta.

De forma simplista podemos resumir la Historia de la forma musical de la manera siguiente.

Durante la Edad Media triunfa el sentimiento, o el pathos, como se decía entonces, (en aquella época dominantemente religioso), que se manifestaba en el canto gregoriano. Este pathos era diferente según cada uno de los ocho modos en que se componían los temas.

Al final de la Edad Media se alcanza un sistema de notación musical más preciso, primero en la corte de la Borgoña, después en Flandes y en Florencia, que al medir la música de manera exacta, permite el juego de las conjunciones de líneas melódicas en lo que se conoce como polifonía. Este periodo llega hasta el renacimiento.

El barroco rompe con este sistema de exactitud compositiva y se fija más en el sentimiento, lo que entonces se denominaba “los afectos”. Entonces nace la ópera.

El barroco se acaba cuando el Rococó primero y el clasicismo después imponen la forma por encima del sentimiento.

Después viene la reacción romántica y luego, de nuevo, la formalista del siglo XX.

Pues bien, este último periodo formalista está llamado a desaparecer y los autores se interesan ahora más por otras cosas.

El concepto de “nueva música” es uno de los más antiguos, de modo que no llamaremos así a las tendencias más recientes. 

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