10 feb. 2014

BIBLIOTECA: Blues People, LeRoi Jones (Amiri Baraka)

Hace poco hablaba aquí sobre la muerte de LeRoi Jones, un poeta y escritor afroamericano que pasó a llamarse Amiri Baraka, del que había leído un libro suyo hacía muchos años. En la red se hablaba mucho de su libro Blues People, así que aproveché la noticia de su muerte para interesarme de nuevo por él y comprar el libro. En éste LeRoi Jones es muy crítico con la cultura anglosajona blanca de su país, de quien dice lo siguiente:

En Occidente, la “vida del artista” tiene muchos rasgos sociales e históricos claramente definidos. El artista o el bohemio es tolerado en Europa, e incluso se le considera persona de misteriosas y, a menudo, valiosas habilidades, pero en los Estados Unidos tal admiración no existe, y a veces ni tan siquiera se da la tolerancia. El artista y su compañero de viaje, el bohemio, son considerados por lo general en este país como seres inútiles, y, por ello, se les trata como a enemigos. (Si el tono político de la democracia contemporánea norteamericana quizá pueda calificarse muy fácilmente como de “anticomunista”, su tono cultural, con la misma vaguedad con que hemos calificado el político, puede muy bien clasificarse como “antiartístico”.) El total dominio de la sociedad por aquello que Brooks Adams denominó sensibilidad económica, impide en absoluto la participación de la sensibilidad imaginativa en los asuntos sociales, políticos y económicos de la sociedad, y esto es lo que fomenta el odio que el norteamericano medio siente hacia el artista.

Blues People es una historia de la música negra americana pero, de forma novedosa, escrita por un negro. Para ello Jones no sólo habla de la segregación que sufrieron los afroamericanos sino que traslada el inicio de esta música a los tiempos de la esclavitud y nos recuerda el trauma tan importante que debió de significar para esta gente verse trasportados a un continente extraño y recluidos en los campos de cultivo de algodón como esclavos prisioneros. Jones señala que en su desconcierto, estos africanos conservaban sus formas de pensar y su cultura, aunque su situación no les permitía desarrollarse culturalmente como colectivo humano.  Habla de la época en que fueron liberados de la esclavitud pero esclavizados en la segregación, una época en que en el sur se cantan los primeros blues rurales (Leadbelly), que serían el fundamento de toda la música negra. Habla de cómo ese pueblo asumió que era parte de la nación americana en las dos grandes guerras mundiales y la frustración que suponía arriesgar la vida para defender la patria y ser luego segregado al volver a casa. Habla de cómo algunos predicadores decidieron en un momento dado integrarlos en las iglesias protestantes, convirtiéndose la asistencia a las ceremonias en el único ocio de estos trabajadores, pues las ceremonias en estas iglesias, también segregadas, utilizaban músicas, bailes, expresiones, que eran propias de las culturas africanas. Habla de cómo la industrialización les hizo viajar desde el sur hasta las fábricas del norte en Chicago,  Detroit y Nueva York, donde el blues se hizo urbano, adoptó un sonido y unas actitudes más duras y escépticas, y empezó a ser conocido por toda la población, tanto la negra como la blanca. Unos blues que se cantaban en los prostíbulos y en las academias de baile que, bajo esta denominación, incluían una más fácil y barata forma de obtener permisos para tocar música en directo. Habla también de que para contrarrestar una música que tenía fama de salvaje y desvergonzada se promovió una vuelta a los orígenes a través de músicas como el dixieland, que venía a ser un retorno de la música de bandas que se hacía en el carnaval o en los entierros de Nueva Orleans, donde a la vuelta del cementerio, la banda que había hecho los honores del finado tocaba cosas del tipo de “When the saints go marching in”. También historias curiosas, como la forma de interpretar que tenían los primeros negros que tocaban el piano, tratando de imitar la pulsación de los blancos pero llevándola inevitablemente a la síncopa y la polirritmia propia de la música africana, como en los Rags (o Ragtimes) de Scott Joplin. Luego los blancos quisieron imitar la música en la que los negros les imitaban a ellos y dieron lugar a otra imitación de la imitación, que posteriormente fue seguida por negros como Jelly Roll Morton y así indefinidamente. Pero para LeRoi Jones la verdadera originalidad afroamericana en el piano lo constituye el bugui-bugui, (boogie-woogie), aunque su fama de tosco y engolfado lo relegara a un segundo plano por detrás de las sucesivas imitaciones y la auténtica forma de canto la constituían los blues clásicos de Bessie Smith. Destaca Jones como se creó una burguesía negra, que eran tan mediocre e insulsa como la burguesía blanca, que relegaban la vida social a la participación en la iglesia y que desdeñaba los blues como cosa de iletrados peones agrícolas. De la unión de la clase media negra con la clase media blanca nació el jazz, en la forma del swing, una manera de hacer música que venía de músicos como Louis Armstrong, Duke Ellington o Count Bassie, pero que triunfó, casualmente, en músicos blancos que hicieron mucho dinero con el estilo, músicos como Benny Goodman, que alcanzaron una enorme fama merced a una forma musical que era obra de otros.  Mientras los negros tocaban el piano en el estilo conocido como boogie-woogie que no tenía ninguna influencia europea, especialmente en Chicago y en Kansas City, con músicos como Meade Lux Lewis y Albert Ammons o se iniciaban en el estilo conocido como Rithm ‘n ‘ Blues, con figuras de la talla de Muddy Waters, Howlin’ Wolf o Ray Charles, estilo que daría paso a una cosa que dio en llamarse Rock ‘n’ Roll, con músicos (todos ellos negros) como Little Richard, Fats Domino, o Bo Diddley, en el que amasaría una gran fortuna un blanco llamado Elvis Presley y su mánager al que llamaba El Coronel.

Finalmente, tras la segunda guerra mundial triunfa un estilo de jazz que venía fraguándose durante años: el bebop; un estilo puramente negro, difícil, basado en un gran dominio de la armonía, ejecutado por músicos de clase media educados en centros musicales de formación clásica. Es el nacimiento del jazz moderno de la mano de Dizzy Gillespie, Charlie Parker o Thelonious Monk. Según los respetables críticos blancos eso no era jazz. Para responder a la pregunta de: ¿entonces, qué es jazz?; tuvieron que resucitar la música dixieland, con músicos blancos que imitaban los estilos antiguos de jazz, como los de "King" Oliver, Jelly Roll Morton, Louis Armstrong y W.C. Handy.

De la misma manera que el posterior Hard Bop tuvo que ser contestado con los suaves sonidos del jazz Costa Oeste. El disco más vendido en la historia del jazz fue el “take five”, de uno de estos grupos blancos que evitaban molestar con las estridencias propias del jazz, pero ¿quién se acuerda ahora de Paul Desmond y Dave Brubek, o del elegante solo de batería de Joe Morello que hacían las delicias de los universitarios blancos? Sin embargo los discos de de Ornette Coleman, John Coltrane y Sonny Rollins siguen siendo escuchados por todos los músicos y aficionados al jazz negros y blancos.  

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