15 abr. 2013

Música pétrea.





La música puede adoptar distintas formas, se puede manifestar de maneras diversas, dependiendo de la clase de materiales que utilice. Los materiales de la música son muy diversos.  El ritmo, el timbre, melodía, armonía, ya sabes. Se puede entender la música de muchas maneras, pero no hay una forma establecida de hacerlo. Para Aristóteles la música no era más que uno de los elementos del drama teatral, junto con la trama, la actuación de los actores, la puesta en escena, el ritmo poético y la expresión de los sentimientos mediante la palabra. Musiké, el arte de las musas, iba siempre ligado a algo: la actuación, la danza, la expresión de los aedos. Platón pensaba que la música podía destrozar la educación de la juventud sino era la adecuada. Había unos modos que tenía un “ethos” apropiado y otros que era mejor no escucharlos, que te podían llevar a la perdición, sólo por la colocación de las notas en la melodía, los intervalos y los ritmos utilizados. En la edad media, Platón tenía mucho predicamento y la música sólo existía para mayor gloria de Dios, lo demás eran cosas del diablo. En fin, para no seguir aburriendo a las piedras, diremos que la música además de unos sonidos, supone una actuación, una puesta en escena y además un entorno en el que se integra y con el que colabora en su definición. La música define entornos diferentes según su origen y estilo. Los músicos de Gospel forman parte de la música y toda la comunidad se ve involucrada en la música, no sólo como espectadores, sino también cantando, bailando, expresando mediante gritos la comunión entre los fieles y la divinidad, etc. La ópera refleja a las clases sociales altas. Aunque nuestras sociedades modernas hagan loables esfuerzos para permitir a gente de todas las clases sociales acceder a este arte, en sus orígenes era una forma de diversión creada para los reyes y la nobleza, primero en Italia y luego en el resto del mundo,  a la que no accedían las clases bajas. Después se convirtió en una costumbre burguesa, pero pocas veces la gente de clase trabajadora se han emocionado con el llanto de Orfeo por la pérdida de su amada Eurídice.  La intención, los instrumentos, el sistema musical utilizado son tan variados como las características antropológicas de las personas implicadas: compositores, músicos, oyentes, etc.  De modo que no hay una forma establecida de hacer música, sino muchas, por eso aquí nos gusta prestarle atención a todas las músicas.

Christian Wolff es un compositor de setenta y nueve años, un norteamericano nacido en Niza, de padres alemanes, probablemente judíos, que huyeron de la Alemania Nazi en 1941. Sus padres eran editores de la mejor literatura alemana en EE.UU. pero hicieron una edición del “I Ching” que Christian Wolff regaló a John Cage y a partir de entonces, Cage no dejó de hacer música valiéndose de los resultados aleatorios que obtenía a través del libro chino. Wolff tuvo una educación musical convencional aunque autodidacta. También estudio a los clásicos de la literatura en Harvard, donde se hizo un experto en la obra de Eurípides. Pero se dedicó a la música desde muy joven. En los años sesenta colaboró con Frederic Rzewski y Cornelius Cardew, dos compositores de la vanguardia que, como él, mantenían un importante compromiso político. Perteneció al entorno de John Cage y trabajó improvisando música y danza con Merce Cunningham.  Sin embargo lo que más le dio a conocer entre el público fue que el grupo de rock alternativo Sonic Youth grabara algún tema suyo en el disco “Goodbye, 20th Century”.

La obra Stones de Wolff es una composición textual. Quiere esto decir que en lugar de partitura la composición no es más que unas indicaciones para que el músico improvise con los sonidos que se producen al manipular cantos rodados y piedras. El texto de la composición es el siguientes:

 Make sounds with stones, draw sounds out of stones, using a number of sizes and kinds (and colours); for the most part discretely; sometimes in rapid sequences. For the most part striking stones with stones, but also stones on other surfaces (inside the open head of a drum, for instance) or other than struck (bowed, for instance, or amplified). Do not break anything.

Y una traducción al castellano podría ser la que sigue:

Haga sonidos con piedras, extraiga el sonido de las piedras, utilizando diferentes tamaños y tipos (y colores); la mayor parte del tiempo discretamente, a veces en secuencias rápidas. La mayor parte del tiempo golpeando piedras con piedras, pero también usando otras superficies (el interior de la cabeza abierta de un tambor, por ejemplo) u otras formas de golpear (inclinada, por ejemplo, o amplificado). No rompa nada.

La obra requiere de una gran disposición del intérprete a la espontaneidad y a una forma de entender la música basada en la sencillez y las dotes de improvisación. Hay por ello varias muestras de la obra en YouTube que ofrecen formas diferentes de afrontarla. 

Existe una filmación presentada por el compositor realizada en Trondheim (Noruega) el 5 de Junio de 2012 en  Gråmølna, interpretada por  Kyrre Laastad, Tor Haugerud, Michael Duch y el propio Christian Wolff, que es la que ofrecemos más arriba. En un ambiente aparentemente universitario, los músicos interpretan la pieza creando ambientes sonoros interesantes que se manifiestan en un variado abanico de sonoridades, como pedía el autor y algunos logros tímbricos, como el hacer pasar una piedra por una lancha rugosa que produce un sonido continuo que nos lleva a escuchar sugerentes  bloques sonoros.

Otra, más primitiva, como asegura alguno de los comentarios (con intención claramente ofensiva), es la realizada por Anton Lukoszevieze en el Donaufestival de Krems en Austria en 2007. No deja de ser interesante el planteamiento de ésta. Un tipo descalzo, con ropa cómoda y un multicolor sombrero de lana, está sentado sobre un montón de grava, piedras en forma de cantos rodados de esos que se extraen de las canteras en los ríos y se utilizan en construcción para hacer el hormigón, por ejemplo. Del montón de piedras va cogiendo algunas y las hace sonar chocando unas con otras. Cambia de piedras, cambia de ritmo y finalmente cambia la forma de crear los sonidos, rascando una con otra en lugar de golpearlas, haciéndolas chocar en el aire, o tirándolas al suelo en montoncitos.

En otra grabación, este mismo intérprete se vale de unas pocas piedras colocadas encima de una mesa y una gran tulipa o plafón de vidrio traslúcido, esmerilado, de las que se utilizan para tapar la lámpara de una luminaria. Al frotar las piedras con la tulipa Anton Lukoszevieze consigue unas sonoridades bastante originales.

Otra diferente es la que ofrece el “Ensemble Für Intuitive Musik” de Weimar en el XXV “Tage Neuer Musik in Weimar”. Aquí los intérpretes se muestran de una forma más convencional, vestidos como un grupo de profesionales músicos de percusión, que realizan sus gestos con una clara intención de precisión y elegancia, imbuidos de un evidente perfeccionismo académico. Si bien, en el fondo, su resultado no difiere en gran medida de los que ya conocíamos.

Incluso el dúo formado por Marianne Baudouin Lie y Michael Duch realizan, también en Trondheim, una versión del tema para violonchelo y percusión en la que la violonchelista utiliza las piedras para frotarlas con las cuerdas del instrumento para producir nuevos sonidos.

Tengo una grabación en audio de la pieza (versión que no aparece  en YouTube) en la que se oyen apenas unos pocos chasquidos y roces de piedras entremezclados con segundos, e incluso algún minuto, de silencio total. Una versión muy minimalista, al estilo LaMonte Young.

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