29 oct. 2012

Hans Werner Henze ha muerto.




Hoy me levanté y, después de desayunar, fui como todos los domingos a comprar el periódico.
“Se ha enterado de la noticia”, me dijo Anita, la dueña del kiosco de mi calle.
“No” le contesté, “¿qué ha pasado?”.
Anita me tomó del brazo y me dijo: “Ha muerto Hans Werner Henze”.
“¿El más grande compositor alemán de los últimos cincuenta años?” le espeté asombrado y con el rostro deformado por una mueca de dolor.
“El mismo”, dijo Anita compungida, “Dios lo tenga en su gloria”.
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Esta conversación imaginaria podría haber sido normal hasta mediados del siglo XIX o poco más. A partir del siglo XX habría sido muy poco probable y después de la II Guerra Mundial la conversación recuerda más al teatro del absurdo de Ionesco que algo con una lejana posibilidad de haber sucedido.
Esto nos lleva a pensar sobre la poca presencia que la creación músical de la vanguardia “seria” tiene en el mundo cultural de nuestro tiempo.
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Lo paradójico es que Henze fue un autor que hasta cierto punto manifestó en vida una cierta crítica hacia las vanguardias de la posguerra y el sistema atonal del serialismo integral. Si bien participó de joven en los encuentros de Darmmstadt, en los Internationalen Ferienkurse für Neue Musik, que estaban entonces dominados por las figuras de Boulez y Stockhausen, pronto Henze decidió tomar su propio camino. Persona independiente que se había sentido socialista ya desde joven, cuando su padre le afilió a las Juventudes Hitlerianas, quiso renegar de su patria después de la guerra yéndose a vivir a un pueblo del Lazio italiano, donde se afilió al Partido Comunista. En la Alemania de la posguerra se había sentido incomprendido por sus opiniones políticas y su manifiesta homosexualidad, a pesar de lo cual siguió perteneciendo al mundo musical alemán, aún desde la distancia.  
Si bien dominó la música serial, que fue uno de los componentes de su sistema compositivo, no se limitó a esto y se adhirió a un estilo más ecléctico que incluía otros sistemas tonales así como influencias del jazz, la música italiana, neoclásicas, llegando a tomarlas del rock y otras músicas populares, tal vez influenciado por su admiración por Stravinsky.
Trabajó para el ballet, habiendo sido desde joven director del ballet del Teatro Estatal de Hesse y siempre para el teatro, habiendo compuesto una gran cantidad de óperas y de música teatral.
Lo único que nos queda es, en homenaje a su figura, escuchar su música.

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