24 oct. 2012

Aisha de McCoy Tyner con John Coltrane


El jazz es una música agradable de escuchar. Esto no es un universal musical. No es algo que tenga que ser así. La música de Beethoven no tenía por finalidad ser agradable de escuchar, tenía una finalidad diferente, tal vez expresiva, tal ver formalista, no lo sé, pero estoy seguro de que lo que al músico de Bonn le interesaba no era agradar, al menos, no siempre. El jazz tiene que agradar porque es como una medicina para los negros y para los que tenemos el alma negra. El ritmo, las síncopas, el sonido de la batería, el equilibrio entre los graves del contrabajo, la tesitura amplia del pianoz es una m y el sonido de la guitarra o el vibráfono, las líneas melódicas llenas de saltos y frases rápidas, el sonido del tenor que acaricia el oído, la voz alta de la trompeta que dice las cosas muy claras, todo en el jazz está hecho para convertirse en una música agradable de escuchar.
Escuchamos el jazz como si oyéramos lo que queremos oír y nos olvidáramos de saber lo que sabemos. El blues es vitalista porque está hecho para seres humanos desesperados que sabían que no podían disfrutar de la vida porque eso les estaba vedado. Por eso los blues se escuchan con deleite: summer time and the living it’s easy, (es verano y la vida es fácil). Vaya mentira más tremenda.


Hay verdades que no podemos olvidar: esa gran verdad de que un día nos iremos y desapareceremos para siempre. Pero muchas otras preferimos olvidarlas para poder seguir actuando, para poder seguir viviendo con eso que es lo que más nos gusta a los humanos y que definimos con la horrible palabra de “normalidad”. Nada es normal en la vida. Lo único normal es la muerte, lo demás es anormal, depende de múltiples factores y nunca sabes por dónde va a saltar la liebre. Todo es anormal.
No es normal que todo el mundo quiera ser amado cuando lo único que amamos todos, en lo que todos coincidimos, es en querer al dinero. Por eso a veces, nos gusta escuchar un poco de jazz y olvidarnos de que mañana nos levantaremos por la mañana e iremos a la jungla, pero no a recolectar lo que la naturaleza nos ofrezca, sino a cazar a otros seres humanos que, como nosotros, lo único que quieren es que alguien, al menos alguien, les quiera un poco.
Por eso el jazz es una música agradable de escuchar, porque no vas a encontrar a nadie que te quiera a ti más que al dinero. No existe. Así que, cuando menos, escuchas a Coltrane en Aisha, (que estaba dedicada a quien McCoy Tyner quería), y al menos escuchas un poco el amor. O eso te parece, porque lo que estás escuchando en realidad es una balada en "la menor sétima" y nada más, pero eso tiene la música, que también engaña. 

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