1 mar. 2011

biblioteca: Tom Johnson, The voice of new music. (The Village Voice).

Terminé la lectura de la monografía de Michael Nyman, (Música experimental. De John Cage en adelante), bastante satisfecho. Puesto que la obra de Ulrich Dibelius (la música contemporánea a partir de 1945), se había centrado en la música culta europea y terminaba hacia los años sesenta, la de Nyman, por el contrario, se centraba en el experimentalismo americano y se acercaba a los años setenta. No obstante me quedé algo frustrado al no poder continuar con mi investigación musicológica centrada, sencillamente, en conocer la música que se había hecho en el mundo desde que lo comparto con el resto de mis congéneres. Había llegado a los primeros años setenta, había conocido los intentos minimalistas, primero de LaMonte Young y posteriormente de Terry Realy, Philip Glass y, mi preferido, Steve Reich.

Qué más podía esperar. Dónde encontrar más documentación sobre lo que había sucedido en el ámbito sonoro desde aquella época en que uno había alcanzado la adolescencia. Me puse a navegar de un lado a otro sin saber muy bien hacia dónde:

Navegando me perdí,
por esos mares de Dios
navegando me perdi
y con la luz de tus ojos
a puerto de mar sali

Sólo encontraba noticias parciales que no conseguían solucionar mis ansias de conocimiento. Empezaba a sentirme deprimido cuando vi la noticia: la sex simbol de nuestra adolescencia, la musa de nuestros sueños, acababa de morir, como suele decirse, víctima de una larga enfermedad. Esa larga enfermedad, ahora lo sé, se trata indudablemente de la vida, esa es la enfermedad de la que todos habremos de morir. Estaba a punto de apagar mi ordenador cuando de repente encontré unas referencias que llamaron mi atención.

¡Qué magnífico sería haber conocido los textos que se fueron publicando desde 1972 hasta 1982 en la revista Village Voice de Nueva York firmados por Tom Johnson y que, con el título de “The voice of new music”, habían sido un reflejo de todo lo que había sucedido en la vanguardia culta neoyorquina en aquel periodo!.

No pude creerlo. Había encontrado una publicación en la red, en un fichero pdf, de la recopilación de los artículos que había sido publicada en 1989, “EDITION BY HET APOLLOHUIS”, decía. Por fin podía continuar con mi investigación con una fuente adecuada a mis fines. Me bajé el pdf, pues nada hacía ver que estuviera limitada su descarga por derechos de autor, y me propuse imprimir, a dos caras, la totalidad de las 294 páginas que se anunciaban en el Adobe Reader.

A continuación fui a mi encuadernador, (Eulogio Caldera Fuertes, en la calle Virgen de Guadalupe de Badajoz), donde pude hacer una edición personal en rústica de los textos que AQUÍ se pueden conseguir en la red. El único inconveniente es que el susodicho texto está en la lengua materna del autor, en inglés, pero no desaniméis que el trabajo merece la pena.
 

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