22 feb. 2012

Sobre la percepción.


Me dicen los pedagogos (como Pilar Larios) que la apreciación sensorial de la realidad depende en gran medida de la atención. No sé si será por eso que uno es capaz de distinguir en un sonido musical la presencia de numerosos timbres de instrumentos distintos. Al fin y al cabo los timbres musicales no son más que ondas sinusoidales complejas que están formadas por distintas ondas simples que se van sumando hasta configurar la forma sonora característica que tiene un instrumento. Cuando, además, las ondas de varios instrumentos se unen para formar una onda aún más compleja que presiona el aire para que golpee tenuemente la membrana de nuestro tímpano la cosa parece alcanzar un grado de dificultad difícilmente imaginable. Pero aparte de la atención, también entran en juego otros factores como pueden ser una cierta capacidad natural y una educación basada en la práctica.
 
En cuanto a esto último, es de destacar la importancia tan grande que tiene la educación musical para que la gente “oiga” mejor la música. Por eso cuanto más educación musical se recibe mejor se oye la música. Aquí como en toda las esferas de la vida, la ayuda que proporciona un buen maestro tiene un efecto fundamental para las personas. 

Uno se da cuenta con el tiempo de que está más preparado para ciertas apreciaciones sensoriales que para otras. Personalmente soy una persona que tiene muy poca facilidad para observar. Además de estar provisto de una deficiente visión desde mi más tierna infancia, tengo lo que los oftalmólogos llaman una atención visual bastante deficiente, es decir, soy lo que comúnmente se conoce como un tipo muy despistado. Según los sicólogos esto se debe más a deficiencias del cerebro que de la propia visión, el cerebro no procesa bien la información que los ojos le envían. Soy capaz de estar viendo un objeto y no reconocerlo, soy de esos que buscan un pañuelo en un cajón sin encontrarlo mientras mi mujer todavía se extraña de que no sea capaz de verlo estando delante de mis narices. Mi cerebro procesa mal la información visual, (además de algunas otras cosas). Sin embargo, desde siempre he sido capaz de distinguir timbres diferentes en un sonido. Ahora que lo pienso deben de tener razón los sicopedagogos porque al mismo tiempo, tengo dificultades para entender lo que la gente dice en los cafés, en los bares o en cualquier sitio público.
¿Será porque la gente dice muchas tonterías y le pongo más interés a lo que escucho cuando el sonido es musical?

Ya lo decía Antoni Muntadas:



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