17 dic. 2010

Silencio.


Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. Ayer pudimos disfrutar del concierto de la Orquesta de Extremadura con la dirección de la norteamericana Anne Manson. Inició el concierto con el famoso Adagio para cuerdas op. 11 de Samuel Barber. Esta pieza hay que escucharla con atención pues el nivel sonoro es bajo y tiene muchos pasajes marcados “piano” en la partitura. En uno de estos pudimos escuchar en todo el Auditorio el sonido infame de un móvil chicharrero. La cosa no queda ahí: el móvil sonó hasta tres veces sin que su propietario lo apagara. ¿Sería tan difícil que el auditorio pidiera por megafonía apagar los móviles cada vez que se va a retomar el concierto, como se hace en el Auditorio Nacional de Madrid? Más aún, la gente cuchichea sus imprescindibles comentarios cuando la música ha empezado a sonar. De las toses qué vamos a decir. Qué poca salud tenemos este invierno.

2 comentarios:

Cempazúchitl dijo...

Qué pena, en verdad. Pero bueno, esas son las cosas con las que hay que lidiar cuando se democratiza un espectáculo que, como la música de cámara, fue concebida para las élites.

manuel larios dijo...

Aunque fue concebida para cierta élite burguesa, eso no sería obstáculo para que hoy día, tuviéramos una sociedad donde todas las capas sociales alcanzaran una instrucción suficiente para saber comportarse debidamente. Así debería ser y por eso me quejo. No creo que la solución sea relegar la música a las élites, ya sean económicas, culturales, ni de ningún tipo.
Un saludo.