19 sept. 2007

Historiografía

Como sabemos, los griegos clásicos lo inventaron casi todo. Los primeros libros que escribieron para narrar su pasado eran poemas épicos, La Iliada, la Odisea, escritos por un oscuro personaje conocido como Homero, (siglo VIII a. de C.), aunque sobre esto no hay nada seguro. Lo que sí está claro es que las epopeyas se contaban para que las nuevas generaciones aprendieran del pasado de la patria y que estaban escritas en hexámetros dáctilos. Pudieron tener música, pero es cosa que nunca sabremos con certeza. Agustín García Calvo ha hecho una traducción en una versión rítmica que permite acercarnos a lo que supuso el original para la lengua griega. Después vino la mitología, que era una forma poética de explicar el mundo y el pasado de los hombres. Así se escribieron grandes páginas de literatura que aún conservan su vigencia. Posteriormente fueron Herodoto, Tucídides, Jenofonte, los que inventaron la Historia como ciencia, ya en el siglo V (a. de C.).
Este proceso se repite siempre. Primero se crea una épica, luego una mitología y finalmente una Historia con pretensiones de realidad, objetividad y rigor. Así ha pasado con la Historia reciente de España, que ha pasado de la épica de los vencedores de la Guerra Civil a la mitología de la izquierda. Esperemos que en breve se pase al conocimiento histórico. Hay gente ahora mismo trabajando en ello.
Pues resulta que la Historia de la música no escapa a este proceso y se encuentra en un momento parecido. Primero se hizo una historia de la música que era parte de la epopeya nacional de quien la hacía. Incluso cuando un país carecía de alguna manifestación musical hacía grandes esfuerzos para cubrir el hueco de la manera que fuera. Me refiero, por ejemplo, a la historia decimonónica de las óperas nacionales. Aquello fue como si se necesitara una ópera propia para poder escribir la epopeya de la misma. No por ninguna razón musical. Y claro, lo que se hizo fue inventarse las "óperas nacionales" con los recursos que tenian a mano, en lugar de seguir el hilo de una tradición. En España que sí teníamos esa tradición desde antes del barroco no fuimos capaces de inventarnos la ópera española, con lo cual nos quedamos sin una Historia de la ópera española con la que poder presumir y sacar pecho. A finales del siglo los intentos checos y las contradicciones rusas en este sentido son notables.
En cualquier caso la historia de la música se ha hecho hasta ahora acudiendo a la mitología, en la cual los autores eran vistos como sujetos, mitad hombres mitad dioses, que tenían una capacidad sobrehumana de inventar notas. Todo el mundo sabe que Bach, Beethoven, Wagner, no eran humanos, (Mozart era mitad humano, mitad divino, sobre todo después de la película de Milos Forman). Pero para que esta mitología funcione hubo que introducir algunos errores que chirrían bastante. Por ejemplo, para ensalzar la figura de Bach, hubo que ocultar la de Rameau y Lully en Francia y la de Corelli y Vivaldi en Italia y situar toda la música anterior al Kantor de Leipzig en la prehistoria. Trabajo que asumieron los musicólogos alemanes con un gran entusiasmo. Ha hecho falta que llegaran los tiempos del relativismo postmoderno para que el proceso empezara a consumarse y se pasara de la mitología a la Historia de la música. Esto no quiere decir que los citados autores se consideren ahora malos autores, ni siquiera que no se consideren tan buenos como se ha venido haciendo hasta ahora, lo que ha cambiado es que ahora se les considera humanos y se estudia la evolución de sus músicas en los contextos en que vivieron y se pretende comprender aquellos contextos en su totalidad, tratando de conocer a todos los autores y todas las obras de la época para ser examinados con rigor histórico.
No hay razón para no seguir separando el grano de la paja, pero hay que hacerlo con un cierto rigor y objetividad.

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