30 jul. 2007

Ornette Coleman (Prime Time)


Si un niño prueba el güisqui por primera vez lo más normal es que no le guste, aunque sea un malta de la mejor calidad. Si eres un cómodo consumidor de música de "entertainment" es normal que no te guste Ornette Coleman la primera vez que lo escuchas. Estuve en el anterior concierto del saxofonista en 1987 en el velódromo de Anoeta, cuando la gente abandonó sus asientos para ir a mear en cuanto empezó a sonar el jazz difícil, (árido pero no chabacano), del maestro del free-jazz que aparecía con su hijo y otros músicos jóvenes bastante "heavys" para seguir rompiendo barreras, como había hecho toda su vida.
Dice El País del 22 de julio que ahora sí se quedó al bis más gente que los 17 que nos quedamos en aquella, ya lejana, ocasión. Me alegro que así sea. Aquel verano de 1987 disfrutamos de todo el festival de Donosti y aprovechamos el viaje para conocer el País Vasco. Nos gustó mucho, sinceramente, y la gente nos pareció buena y sabia. Pero desde entonces apenas he vuelto a pisarlo, (salvo alguna escala técnica en Donosti camino de Francia), porque me propuse no hacerlo en tanto no se solucione lo que Otegui llama "el conflicto". No es por miedo, es por asco.
Ornette Coleman es un músico de verdad. En épocas en que culturalmente se tiene tanto aprecio por la innovación, pero en las que hay tan pocos innovadores de verdad, es reconfortante la música de artistas como éste, que no solo se ganó un sitio en la historia del jazz junto a los más renovadores, sino que a sus 77 años sigue llevando sus nuevas formas de entender la música por todo el mundo y dándolas a conocer a nuevos públicos.
Felicidades a Ornette Coleman y felicidades al festival de Victoria por entender que también el jazz se puede programar en un festival de jazz, cosa que últimamente parece difícil de encontrar, desde que Montreux empezara a programar tanta música pop como jazz... Y lo dice uno que presume de ecléctico.

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