11 dic 2012
3 dic 2012
La música y Muñoz Molina.
Como casi siempre, suscribo lo que dice este señor al 100%. Parece que habla por mí. Por eso lo traigo aquí.
nov, 19, 2012
Los buenos músicos a los que he conocido no tenían
prejuicios hacia otras formas musicales que no fueran la que ellos ejercían, y
sí una atenta y respetuosa curiosidad. Una vez tuve la ocasión de cenar con
Alfred Brendel en Madrid, después de un concierto suyo, y me preguntó con mucho
interés por cantaores flamencos, y por directores y actores del cine español,
por cierto, a los que era muy aficionado. Mi querido Joseph Horowitz, musicólogo
formidable -no hay pianista que no haya leído con reverencia sus Conversaciones
con Arrau- , se acuerda de cuándo descubrió a Juanito Valderrama en
una cinta antediluviana que compró en un bar de carretera, durante un viaje por
España. Fue Manuel de Falla quien más hizo, junto a un García Lorca
jovencísimo, por rescatar la nobleza del flamenco en el festival de Granada de
1922. Hace tiempo conté aquí la amistad que unía a Arnold Schönberg y a George
Gershwin, que jugaban al tenis a diario en Hollywood. Fue Schönberg quien hizo
una bella necrológica tras la muerte de Gershwin, a quien en sus últimos años
le amargaron la vida los estirados del establishment clásico americano. Richter
terminaba de tocar en Carnegie Hall y tomaba un taxi en la misma calle 57 para
subir a Harlem a escuchar a Art Tatum. Béla Bartók se pasó parte de su vida
recorriengo los pueblos más apartados de Rumanía y de Hungría en busca de
músicas populares que transcribía y grababa. A directores de orquesta y a
compositores muy serios les he oído maravillas sobre las melodías y las
armonías de los Beatles. Cuando viajó a Estados Unidos a finales de los años
veinte Ravel sólo quería que lo llevaran a escuchar jazz y blues. El segundo
movimiento de su sonata para violín y piano se titula, precisamente, Blues. Antes
de que el jazz se llamara jazz Debussy estaba incorporando aires de danzas
afroamericanas en algunas de sus piezas para piano. A Ligeti
Thelonious Monk y Bill Evans le inspiraron algunos de sus
preludios. En suites y sonatas Bach incorpora sin reparo danzas campesinas.
Ligeti y Steve Reich se han empapado de los ritmos de tambores y de las
polifonías africanas. John Coltrane tomó lo que puede parecer un valsecillo
azucarado de Sonrisas y lágrimas - My Favourite
Things- y lo sometió a variaciones e improvisaciones inagotables que
están, probablemente, entre las cimas de la música del siglo pasado.
Unas músicas nos llegan más que otras, o nos importan
más que otras, y hasta eso cambia mucho a lo largo de la vida. Las primeras
emociones musicales que recuerdo, intensísimas, se las debo, entre otros,
a Manolo Escobar, a Lola Flores, a Antonio Molina, a Juanito Valderrama. Empecé
a aficionarme a la música clásica porque a un amigo mío de Úbeda, Nicolás
Latorre, le habían regalado en el concurso Cesta y Puntos un
pequeño tocadiscos portátil y un disco con Las cuatro estaciones. Durante
mucho tiempo no tuvimos otro. Yo me iba a su casa por las tardes y
escuchábamos Las cuatro estaciones. Todos los días. Cara A y
cara B. Después alguien nos prestó la sinfonía Nuevo Mundo , y
a los dos nos sorprendió encontrar en ella lo que habíamos creído hasta
entonces que era una canción de Mocedades. Poco después, Nicolás encontró, en
un estanco nada menos, y a un precio accesible hasta para nuestra penuria, un
disco de segunda mano con el Concierto para cello y orquesta de Dvorak. Pero
también me gustaban Quilapayún, Bob Dylan, Violeta Parra, Paco Ibáñez, The
Animals, Frank Zappa, John Mayall, lo que uno iba encontrando. Cayó en mis
manos un disco de José Menese y me aficioné al flamenco. Luego estuve en un
recital de Carmen Linares y de Rafael Romero, el Gallina. En
un disco que me dejó alguien con la banda sonora de una película sobre Isadora
Ducan que me había impresionado mucho escuché por primera vez fragmentos
de La consagración de la primavera. Sin que me diera mucha
cuenta Stanley Kubrick hizo mucho por mi educación musical: cómo no
estremecerse en La naranja mecánica con el arranque de
la Música para el funeral de la reina Mary, aunque uno no supiera
quién era Purcell, aunque sonara en la versión para sintetizador ideada por
aquel compositor que primero se llamó Walter y luego Wendy Carlos.
Y aquí sigo, ávido por descubrir y por compensar la
falta de educación musical con afición y curiosidad, dejándome guiar por lo
único que tengo, el gusto de escuchar, el hábito que se ha ido formando a lo
largo de los años.
(Antonio Muñoz Molina en su blog: escrito en un instante).
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30 nov 2012
MIguel Poveda en Badajoz
Miguel Poveda (cante),
Jesús Guerrero (guitarra),
Paquito González (percusión)
Carlos Grilo y Luis Peña (palmas).
Desde que murió el maestro
Morente, no hay nadie en este género que esté a la altura del de Barcelona. Eso
lo sabes cuando aún no lleva un minuto cantando, a pesar de que hace poco que ha
estrenado un nuevo proyecto en el que abandona aquel magnífico equipo de
músicos que dirigían Joan Albert Amargós y Chicuelo. Pero Poveda, como le
pasaba a Morente son de esas personas que sólo se conforman con lo mejor. Sus
músicos son de Cádiz, (Jerez, San Fernando, Chiclana), y su equipo técnico de
sonido son catalanes, seguramente conocidos suyos entre los mejores de la
Ciudad Condal. El sonido era un poco fuerte, pero impresionantemente nítido.
Empezó el recital con los temas
de su nuevo disco ArteSano, nombre ambiguo que mezcla la artesanía y la salud
espiritual. Este disco está dedicado al flamenco de siempre. Hay temas que van
desde los cantes más serios hasta los más festeros y tiene ecos de aquellos
cantaores que, entre Antonio Mairena y la Paquera de Jerez, están en los
orígenes de los aficionados actuales de cierta edad. El disco tiene bulerías,
alegrías y tangos, pero también tientos, (de Pastora Imperio), fandangos por
soleá, malagueña, soleá apolá, minera, seguirillas y, por supuesto, un poquito
de copla y sevillanas, terminando con una nana, como para que te vayas contento
a la cama.
Pero, enseguida se notó que la
cosa no iba a quedar ahí y pronto empezó a cantar algunas coplas. La gente le
pedía temas y él respondía: “no se preocupe que lo voy a cantar todo”. Y así
fue: lo cantó todo. Cantó las de su anterior disco, “Las coplas del querer”, hasta
que llegó al tema “A ciegas”, ese tema de Quintero, León y Quiroga que
popularizó, según dicen, (que yo no la he oído), doña Concha Piquer. El tema,
que conocemos arreglado por Alberto Iglesias para la película “Los abrazos
rotos” de Almodóvar, suena con una base de orquesta de cuerdas que es muy
difícil reproducir en directo con una guitarra y percusión y Poveda lo que hace
es cantarla sin acompañamiento. Es un tema magnífico y sus armonías son muy
interesantes, pero cantarlo sin los acordes es una labor arriesgada. Pues bien,
lo cantó de manera impecable. A cada
tema que cantaba el teatro se venía abajo y el seguía y seguía, con unas inmensas
ganas de cantar. Hizo bises hasta cerca de las once y media, alguno se tuvo que
ir para casa porque había que madrugar al día siguiente, pero él interpretó con
mucho cariño a Lole y Manuel y nos recordó algo que no hay que olvidar nunca,
algo tan sencillo como que todo es de color, aunque a veces parezca que se nos
olvida y lo veamos todo negro, (o gris). La gente se ponía de pie y el seguía
cantando y cantando. Hacia el final cantó una seguirilla inmensa, para a
continuación, cantar la copla de los “Tres puñales” y después bailar en el fin de
fiesta. No se olvidó de recordar lo mejor del flamenco de Extremadura y
mencionó al Porrina, Guadiana y la Caíta.
Todos los que estuvimos ayer en el
teatro López de Ayala de Badajoz cuando abandonamos la sala queríamos a Poveda.
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29 nov 2012
BIBLIOTECA: Escucha a Alex Ross
Alex Ross es el crítico musical de The New Yorker. Con su
primer libro, El ruido eterno, (The Rest is Noise), obtuvo un gran éxito. En
él, hacía un viaje a través de la música del siglo XX con paradas en algunos
momentos decisivos para el desarrollo musical.
Su segundo libro, Escucha esto, carece del sentido de unidad
que tenía el primero. En parte puede ser por no tener a mano un libro bien
articulado como fue el primero ante la exigencia de llevar algo a la imprenta, (sabiendo
sus editores que sus libros se venden muy bien), pero también puede ser que la
falta de unidad del libro sea un reflejo de la falta de unidad del mundo
musical actual.
Ross lo mismo habla del director finés Esa-Pekka Salonen, centrado en la composición y la interpretación de la música contemporánea, que se detiene en el grupo de pop inglés Radiohead. Cuestiona algunas obsesiones del mundo musical en la mal llamada música clásica, como la imposibilidad de aplaudir en un concierto al finalizar un movimiento especialmente brillante y otras convenciones que encorsetan el comportamiento de los receptores de la música. Entiende la música como un todo donde caben todos los estilos y todas las culturas musicales. Así que en “todas las músicas” nos gusta este autor.
Ross lo mismo habla del director finés Esa-Pekka Salonen, centrado en la composición y la interpretación de la música contemporánea, que se detiene en el grupo de pop inglés Radiohead. Cuestiona algunas obsesiones del mundo musical en la mal llamada música clásica, como la imposibilidad de aplaudir en un concierto al finalizar un movimiento especialmente brillante y otras convenciones que encorsetan el comportamiento de los receptores de la música. Entiende la música como un todo donde caben todos los estilos y todas las culturas musicales. Así que en “todas las músicas” nos gusta este autor.
En todo caso, aunque su segundo libro no pase de ser un
compendio de artículos extensos, para
los que no somos lectores habituales de The New Yorker es interesante leer los
comentarios siempre amenos de Alex Ross sobre música.
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5 nov 2012
XXV Festival internacional de jazz de Badajoz
Tiene mérito que, con la que está cayendo,
hayan conseguido los componentes de www.badejazz.es organizar todas las
actividades que se han previsto para el XXV Festival de jazz de Badajoz, que
parece que fue ayer cuando se empezó a organizar.
Pero lo más significativo del caso es que,
además, tampoco este año van a faltar figuras de fama mundial, destacando en
primer lugar el saxofonista Bill Evans, que colaboró con el mítico Miles Davis,
grabando los saxos en todos sus discos entre 1980 y 1984 y quien lleva desde
ese año trabajando en solitario y colaborando con los mejores músicos del jazz
y aún de otras músicas como parece que hace en esta “Soulgrass” Band.
También es muy conocido el
saxo de Jerry Bergonzi, músico y pedagogo musical que ha tocado con los grandes
de los últimos años y lo hizo incluso con Dave Brubeck. Dave Holland, John Abercrombie, son algunos de los músicos con los que ha colaborado en los últimos tiempos.
Menos conocido es el
africano Lionel Loueke de Benin, pero solamente por que es más joven que los
anteriores, no porque su música no sea de una calidad impresionante. Es lo
mejor que he escuchado desde Richard Bona a quien sigue en la línea de aunar música
africana y jazz. Ha tocado nada menos que con Terence Blanchard y después con
Herbie Hancock. Así que voy a sufrir mucho por perdérmelo debido a
imponderables personales.
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31 oct 2012
Luciano Berio II
La anterior entrada sobre Luciano
Berio puede haber dejado en algún lector la impresión de que el maestro
italiano se dedicó exclusivamente a estos experimentos vocales. Nada más lejos
de la realidad. Precisamente titula Tomás Marco el pequeño ensayo sobre el
compositor: “Luciano Berio y la síntesis del siglo XX”. La inventiva del
italiano no tenía límites, incluso superaba las clasificaciones establecidas
sobre la música: música culta, música popular, rock. Para él cualquier estilo
era válido si la música era lo suficientemente interesante. Así, para su primera
mujer, la soprano Cathy Berberian, compuso los famosos Folk Songs. Trabajó con
la orquesta, con la electrónica, la música de cámara y los instrumentos
solistas. No en vano, quiso ser pianista hasta que las heridas sufridas durante
su participación en la resistencia contra los nazis le impidieron continuar
por ese camino, decidiendo desde entonces dedicarse a la composición.
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manuel larios
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29 oct 2012
Hans Werner Henze ha muerto.
Hoy
me levanté y, después de desayunar, fui como todos los domingos a comprar el
periódico.
“Se
ha enterado de la noticia”, me dijo Anita, la dueña del kiosco de mi calle.
“No”
le contesté, “¿qué ha pasado?”.
Anita
me tomó del brazo y me dijo: “Ha muerto Hans Werner Henze”.
“¿El
más grande compositor alemán de los últimos cincuenta años?” le espeté asombrado
y con el rostro deformado por una mueca de dolor.
“El
mismo”, dijo Anita compungida, “Dios lo tenga en su gloria”.
*
Esta
conversación imaginaria podría haber sido normal hasta mediados del siglo XIX o poco más. A partir del siglo XX habría
sido muy poco probable y después de la II Guerra Mundial la conversación
recuerda más al teatro del absurdo de Ionesco que algo con una lejana
posibilidad de haber sucedido.
Esto
nos lleva a pensar sobre la poca presencia que la creación músical de la
vanguardia “seria” tiene en el mundo cultural de nuestro tiempo.
*
Lo
paradójico es que Henze fue un autor que hasta cierto punto manifestó en vida una
cierta crítica hacia las vanguardias de la posguerra y el sistema atonal del
serialismo integral. Si bien participó de joven en los encuentros de Darmmstadt,
en los Internationalen Ferienkurse für Neue Musik, que estaban entonces
dominados por las figuras de Boulez y Stockhausen, pronto Henze decidió tomar
su propio camino. Persona independiente que se había sentido socialista ya
desde joven, cuando su padre le afilió a las Juventudes Hitlerianas, quiso
renegar de su patria después de la guerra yéndose a vivir a un pueblo del Lazio
italiano, donde se afilió al Partido Comunista. En la Alemania de la posguerra
se había sentido incomprendido por sus opiniones políticas y su manifiesta
homosexualidad, a pesar de lo cual siguió perteneciendo al mundo musical
alemán, aún desde la distancia.
Si
bien dominó la música serial, que fue uno de los componentes de su sistema
compositivo, no se limitó a esto y se adhirió a un estilo más ecléctico que
incluía otros sistemas tonales así como influencias del jazz, la música
italiana, neoclásicas, llegando a tomarlas del rock y otras músicas populares,
tal vez influenciado por su admiración por Stravinsky.
Trabajó
para el ballet, habiendo sido desde joven director del ballet del Teatro
Estatal de Hesse y siempre para el teatro, habiendo compuesto una gran cantidad
de óperas y de música teatral.
Lo único que nos queda es, en
homenaje a su figura, escuchar su música.
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